****
Bien! estrenando internet en mi habitación, contaminandome un poco, manteniendo un hilo conector que enlaza lo que ya no sé si es ficción o realidad.
Extasiada, abrumada de tanto sentir, de estar tan feliz. Sí, soy muy feliz aquí. Tengo la terrible y deliciosa sensación de que ya nada será lo mismo. Ahora todo para mí cobra un sentido adicional, y me siento subida a la moto de los bonus-tracks! Todo rebosa intensidad, y no solo lo que aquí tengo y descubro... sino también mi camino andado mis tesoros bien guardados, y tengo taaaaaaaaaaaaaantas ganas de poder compartir esto con vosotros que me frustra el escribiros quí tratando de reflejar lo que nubla mi vista y lo que me hace tambalear de emoción cada mañana cuando me levanto. Sintiendo que me quedo corta por mucho que me esfuerce. Raquelilla, Mato, Risi, Tania, Iria, Alex, Eli!!!, Viveiro!, Ibai, Sabri, "cerdo Martín", Nata!, mami!, papaxurelo! y todos los demás, los que sabéis que estoy aquí, los que sabéis como estoy aquí!...venid! quiero que viváis un trocito de esto!
Ahora tengo que irme a la estación a explorar unos trenes abandonados azul chillón, con perros que los habitan y merodean! A verlos desde un puente que cruza por encima de toda la estación. A gastar el carrete de fotos y poder escanear de alguna manera las de este fin de semana y contaros y enseñaros mi pequeño viaje en el maletero de un taxi, mi visita a los monasterios de Bucovina.
Con tan solo una semana aquí derrochando hiperactividad y energías por la región de Moldova, rozando los Cárpatos, perdiéndome por los bosques más bonitos que podéis imaginar; viendo amanecer y durmiendo en conventos de monjas ortodoxas; compartiendo mochila con gente encantadora; creando lazos con chicas francesas que me motivan como nadie antes, que me hacen ver las mil maneras posibles y desconocidas de saber vivir, que me hacen levantarme temprano para ir a correr por las mañanas por bosques que bordean mi ciudad, que me enseñan rumano, francés y apuestan tabletas de chocolate y naranja, que no son capaces de saber decir alcantarilla y sobre todo, que sobreestimulan lo que yo creía que ya era la máxima ilusión.
Conversando mucho, perdiéndome mucho por todo cuanto rincón intuyo, trasnochando para poder madrugar contenta, respirando todo el aire de la ciudad desde ventanas en las que cualquiera anidaría encantado!
*****
